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Se Folla A Un Joven Delante De Su Marido (Latinas)

Video Porno: Se Folla A Un Joven Delante De Su Marido (HD)

 

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Duracion: 02:01 – Categoria: Españolas
Tiene que ser muy fuerte que tu mujer te pida ser infiel, es decir, hacer de ti un puto cornudo y que no te quede otra opción que aceptar, eso es lo que hace la señora que os presentamos hoy amigos, mirar, se llama Montse y se va a follar a un joven de 21 años delante del ya cornudo de su marido.

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Cornudo le garchan a la mujer y le salpica la leche a él (Porno)

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lo engancha con una bombachita en el bolso, lo ata a la silla y se garcha a otro!!

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    A mi señora le gusta que le chupen la concha!! (Latinas)

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    Mi mujer se cogio dos negros pijudos (Online)

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    aclaro solo he subido el relato encontrado en la red. (me encanto)

    Mi mujer Silvia (37) y yo Fernando (39) vivimos en una casa a las afueras de la ciudad, es una zona residencial pero sin mucha gente, es una casa aislada de 220m2 y con un extenso jardín de 1000m, la verdad que los días que estamos en casa descansando es una delicia, hace ya 9 años que la compramos y estamos muy a gusto en el sitio. Entre semana yo trabajo y no la disfruto tanto como quizás ella, pero cuando llego por la tarde es genial la paz que se respira tanto dentro como fuera, en el jardín.
    Mi mujer se encarga de la casa, le gusta tener todo impecable siempre, a cualquier hora la casa tiene un aspecto formidable, yo suelo marcharme sobre las 07.30h de la mañana para volver a las 19h de la tarde, trabajo en el centro de la ciudad y eso hace que esté fuera de casa todo el día dejándola sola.
    Mi esposa, Silvia, es una mujer muy atractiva, para mi claro, blanquita de cabello ondulado, ojos marrones y de piel muy blanquita, de sonrisa fácil y de carácter abierto y amigable, yo en ese aspecto soy algo más soso e introvertido, ella es de complexión normal, sin ser una modelo yo la encuentro muy seductora y sexy, tiene un cuerpo (168cm) con curvas sin ser gordita, pero llena de detalles que la hacen muy voluptuosa, tiene unos pechos grandes (95d) con unos pezones y aureolas también grandes y pronunciados de color marrón clarito, que cuando se excita se le endurecen

    considerablemente como dos enormes rocas. También tiene un culo más bien grande, aunque como toda mujer eso no se le dice, pero lo tiene grande y hermoso, es de cadera ancha y sus nalgas redondas como un balón de playa, suave al tacto, aterciopelado y cuando lo se agita se le mueve un montón de una forma muy excitante. También su panocha es delicada y rosada, casi siempre, finamente depilado tanto su ano (con el que le gusta de vez en cuando que jueguen) como su concha, es cuidadosa con eso y coqueta con su imagen y figura. Sus labios son delgados y pequeños, los del culo, de un rosa clarito, moja mucho cuando se nota excitada, un mar de flujo le invade la zona dejando lubricado su gran agujero, el cual dilata fácil y enormemente, dejando pasar por allí cualquier obstáculo que se le proponga.
    Referente al tema sexual de mi señora, a sus ansias de sexo, debo decir que ha sido siempre una mujer muy fogosa y ardiente , así como morbosa y buscona, a mi me cautivó el primer día, ya que después de conocernos en una fiesta de la empresa, sentimos ese atractivo que nos transforma y acabamos sin saber cómo cogiendo como dos leones en un hotel, ahí me tubo para siempre sin apenas conocernos, pero sí que es cierto que ella siempre ha tenido un gran apetito sexual y por veces he notado que conmigo , pues , no queda del todo satisfecha, esa siempre fue mi impresión?cosa que al cabo de pocos años puede confirmar.
    A los 6 años de casados, los cambios en nuestra relación fueron notorios, ella me confesaba a menudo sus ?fantasías? de coger con otros, sus ganas de estar con un chico de color, jugar a que la atara a la cama o a que cuando lo hiciéramos solo se lo hiciera por el culo, aparte de usar juguetes y ropa varia, a mi todo esto no me pareció del todo mal, al contrario, veía que ella era la que proponía y que así pues, no se ?aburría? en la rutina de hacer sexo conmigo y a mi me excitaba un montón, Pero a medida que pasaba el tiempo…
    En el barrio donde estamos hay como unas diez casas y durante el año hay trabajadores varios que circulan por allí por el tema de mantenimiento, el cual gustosamente pagamos para que esté todo impecable, fontaneros, pintores, jardineros, electricistas, todos aquellos que el ayuntamiento nos manda. Pues un día, un fin de semana, que yo me fui a comprar el pan y el periódico deportivo, en el lugar estaba Luis, un buen vecino, charlamos de las próximas vacaciones , ya que era Junio y hacíamos planes para irnos unas semanas, entre todo ello y a mi sorpresa me dijo una cosa : ?oye, no van mucho por su casa los jardineros?, les veo seguido por tu casa??, me quedé pensado el que? y le dije sin saber mucho que es a lo que se refería, ya que casi nunca estaba por casa, pues que debían estar haciendo algo de cara el verano por allí. Entonces nos despedimos y me volví para casa pensando en ello?, jardineros? Qué raro que me dijera?preferí no decir nada y vería que era eso.
    De nuevo el Lunes siguiente y como cada Lunes, me marché al trabajo dejando a mi mujer Silvia, aun acostada, cuando estaba yendo hacia el trabajo pensé en lo que me dijo Luís, y tuve ahí las primeras sospechas de que algo podía pasar en casa cuando yo no estaba. Así que a la hora de comer, como cuando habitualmente me voy a comer cerca del trabajo con alguien, esos 90min. que tenemos, tomé el coche y me fui hacia casa, aparqué cerca, miré que no me viera nadie de los vecinos y me fui atrás, por la puerta del garaje para no hacer ruido, diría que era sorpresa si no pasaba nada, pero al entrar en casa desde el garaje, que da detrás de la cocina, justo entrar, oigo ruido, la oigo a ella que grita como gimiendo y me pongo nervioso al confirmar las sospechas que me habían infundado?no podía ser otra cosa, me voy acercando despacio y des de la puerta de la cocina veo sentado de espaldas a mí, en el sofá, a un tipo de color con el torso desnudo y mirando la tele, pero también la sigo oyendo a ella, noto que las voces vienen de nuestro dormitorio, lo cual quiere decir que no está sola en la habitación, que habría 2 tipos pues ?me vuelvo a la cocina a pensar que debo hacer, la situación es que?miro hacia abajo y tengo una erección, como puede ser?, estoy excitado , muy excitado, me asomo de nuevo y la oigo gemir, no puede seguir allí y me fui por el garaje de nuevo y ya en la calle intenté recomponerme, pensar quien o quienes debían de ser esos tipos que se estaban cogiendo a Silvia, mi esposa, en mi casa y desde cuando hace que lo debían hacer??, y dos y uno ahí sentado porqué, que pintaba uno ahí sentado en el sofá solo, buff!! no podía pensar más en ello, no sabía que sentimientos tener hacía mi mujer, me fui rápido al coche y me marché para el trabajo pensativo y muy excitado y pensando que debía hacer ahora.
    Bueno, me incorporé al trabajo como pude, tengo que reconocer una cosa que jamás había hecho hasta entonces, me tuve que masturbar al baño del trabajo, no pude evitarlo, estaba muy ? nervioso y excitado, ese día salí un poco antes de lo habitual, 18.30h. había pensado en hacer algo, algo era que no le iba a decir nada a ella y que querría ver cómo era o como lo hacía sin que lo supiera.
    Me fui a una tienda de esas en las que venden, dicen, material de espionaje o eso, lo busqué con internet y había una por el centro de la ciudad, fui allí, con mucha vergüenza , des de fuera parecía cerrado, entré y había un Sr. en el mostrador que le comenté quería cámaras pequeñas para poner en casa, que no hiciera falta mucha conexión ni que se vieran mucho, la persona que había, muy profesional, ni mencionó nada del porqué las quería, se limitó a mostrarme y explicarme cuales cumplían dicha función, 3 cámaras muy pequeñas inalámbricas, del tamaño de una moneda que se conectaban al IPHONE4 que tengo, Ok le dije, me las dejó conectadas y me mostró como cambiar de una a otra y como se veía la imagen, nítida, la verdad que jamás pensé en comprará nada parecido, pero lo cierto es que se veía genial.
    Me fui a casa como siempre, intentando no pensar en nada e intentando obviar lo vivido hoy y poder llevar a cabo el plan, cuando durmiera, aunque no sabía del cierto si esos individuos, mañana mismo irían a casa o si ella los llamaría, dos días seguidos, no sé, con razón el otro me dijo que iban a menudo, vaya. Como siempre Silvia, buena cara, un abrazo, un beso, iba ella con camisón y batín yo fui y me duche, me puse cómodo e inspeccioné dormitorio y todo lo que puede hurgar, pero no había rastro de nada ni nadie allí, impoluto como siempre, incluso la cama con su mantita en los pies, increíble, esta mujer me había sorprendido, no imaginé nunca tal afán de cogerse a cualquiera, madre mía; me puse el pijama y fui para cenar, costillas con ensalada, nos sentamos, charlamos sobre el día que tuve, pues tuve que mentir bastante, muy rutinario a lo que pregunté yo lo mismo y me contestó que estuvo limpiando armarios y ordenando la cocina, ropa, suelo?vamos cogiendo pensé yo, me dijo que hizo lo de siempre. Ya al tarde, nos fuimos para la cama y sin muchas rabietas, mostrándole que estaba cansado me dormí. A las 4.00h, me desperté me fui a mi cartera donde dejé las cámaras, una dentro del reloj en el comedor, otra en la cocina encima de la estanteria y en el dormitorio debajo de la Tv y me volví a costar.
    El día siguiente, ya fuera de casa estuve conectando con las cámaras todo el día y allí no pasó nada más poder ver que Silvia, durante la mayoría del día y aprovechando que la casa tiene muchas luz natural por lo que se está muy calentito, le gusta ir desnuda por casa, cuando estoy también lo hace, pero realmente se tiró casi todo el día en pelotas mientras limpiaba, tendía, fregaba?algo que desconocía, pero allí no entro nadie más en todo el día.
    Al otro día, tampoco, nada, pero ella andaba vestida ese día, las 15h y ahí ni asomo de nadie, ni jardineros ni nada?ahora era yo que quería que fueran, ansiaba verla coger con otros y ver como lo hacía, la verdad que el juego de las cámaras era muy excitante, discretas, y ni por asomo Silvia se percató de ellas, así pasaron todos los días de esa semana y tampoco la vi desnuda por casa ningún día más, si es cierto que un par de veces le propuse hacer el ?amor?, porque yo siempre se lo he dicho así y me dijo que no, luego me di cuenta que tenía el periodo durante esos días, me lleva.
    Próxima semana, lunes, nada ni nadie por casa, el martes, ahí si la vi que andaba de nuevo en pelotas, completamente desnuda pero tampoco entró nadie, vi que ella salía de casa un par de veces, aun entonces nosotros dos no habíamos cogido en todos esos días, la verdad que primero ella con el periodo y luego yo que le dije que no me apetecía, lo fuimos dejando.
    Miércoles, 11?15h de la mañana, yo en mi despacho tengo el móvil encendido viendo como mi mujer solo en sandalias, pasa por la cocina, la deja y se va hacia la puerta principal y responde al intercomunicador, pulsa para abrir, deja la puerta abierta y se va corriendo al dormitorio, abre el armario y se pone un ligero negro transparente muy sexy que tiene y unos zapatos negros de charol con tacón, mientras veo en una cámara que entran dos tipos negros, me pareció que uno era el mismo que vi en el sofá pero no estaba seguro, con jeans y camisa y ella que apareció de nuevo por el comedor a saludarlos, ellos ni se sorprendieron por cómo los recibía, casi desnuda, ella les dio un besó en la boca a los dos, vi que se quedaban por el comedor mientras iba ella a la cocina hacer un café cuando ellos empiezan a desnudarse dejando la ropa apoyada en una silla, a los dos se les ve colgar un trozo enorme de verga importante, aun flojas y colgándoles, eso se veía muy grande. Uno se sentó en el sofá y puso la tele, el otro hizo aparición por la cocina y empezó a manosear a mi mujer en el culo, dándole un masaje en sus pronunciadas nalgas, se pone detrás agachado mientras ella ya tiene el café terminado y este le come el culo y la panochota a lo que ella le cambia la cara a puro placer, no sé si voy a ser capaz de ver todo eso- pienso yo?este chupa que chupa y el otro mirando la tele, chingao yo no entiendo nada , el tío de la cocina deja de chuparle, la besa y ella le agarra su gorda verga dándole unos meneos ya que aun no la tiene, parece , dura del todo , y agarrándosela y tirando de ella con una mano y tomando la taza de café en la otra se lo lleva al comedor donde le da la taza al otro que estaba sentado, se están partiendo de risa los dos tipos, ella algo más seria, le pide que se siente al lado del otro tipo en el sofá y empieza a chuparles las vergas a los dos mientras toman estos el café y ven la tele, la veo ella allí arrodillada chupándoles sus grandes vergas. No puedo creerlo. Salgo con rapidez al baño de la oficina bufff. Pongo el móvil en la repisa del papel y mientras la veo me masturbo y me vengo ahí mismo, me limpio y me regreso.
    Eso no para, ya de nuevo en el despacho, a los pocos minutos tengo otra erección, ahora está a 4 patas en el sofá completamente desnuda y uno de ellos se la está cogiendo desde atrás, el otro sentado encima del cabezal del sofá le ofrece su verga tomándola con una mano y Silvia se la chupa, solo la punta del glande. Siguen así una media hora, luego se ve como si se vinieran en sus pechos, ella fue al baño y volvió a salir, pero solo con los zapatos de tacón ya, son ahora las 13.30h casi, meto el móvil en la cartera y decido ir por un bocadillo cerca de allí y sentarme en algún sitio a ver como termina eso?
    Veo que está en la cocina y que ellos han puesto la mesa, están los 3 desnudos por casa, parece que van a comer, chingao, eso es que se tienen confianza y lo lleva haciendo hace tiempo, no me lo puedo creer. No sé lo que comen, están allí desnudos comiendo y charlando.
    Al cabo de un rato mientras Silvia lleva algo de la mesa a la cocina, uno de los chicos le ayuda a desmotar la mesa, ella vuelve al comedor, se sienta en la silla al lado del otro, charlar con él, veo que se levanta de la silla mi mujer y se sienta en la mesa de cara al chico que aun está sentado en su silla y se abre de piernas dejándole la panocha enfrente de su cara, este se avalancha sobre él dándole lengüetazos mientras ella se aprieta los pechos de manera fuerte, al poco se levanta de la silla y le mete toda la verga dentro, agarrándole las piernas por debajo a ella esta tumbada con la espalda en la mesa y parece que gimiendo fuerte, sale el otro de la cocina con una bandeja con cafés que la deja en la mesita delante del TV y se va donde ellos a tocarle las tetas y mordérselas, se cambian , se quita uno y la coge de igual manera el otro, dándole fuertes embestidas que hacen moverse bruscamente los pechos de mi puta mujer, así un rato, con el tipo que está se la baja de la mesa y se van de la mano al dormitorio mientras queda uno en el comedor tomándose el café , llegan a nuestra cama besándose y ella vuelta a chuparle la verga que estaba duro aun, luego la pone encima de la cama a 4 patas y la penetra bruscamente, parece que la hace gozar mucho ya que veo que se da ella misma, palmadas en las nalgas, al poco se viene en su espalda y él mismo la limpia con una toalla que tienen cerca, Silvia queda tumbada encima de nuestra cama cuando se va el chico y veo por la otra cámara, que viene el otro que solo llegar junto a ella teniendo la verga completamente erecta, se monta en la cama, gira a mi mujer boca arriba y tomándole las piernas en alto le mete su verga de nuevo, esta vez a ritmo suave, haciendo que ella medio como dormida se mueva poco a poco de gusto, están rato, de una manera delicada la coge a placer, pero parece que ella le pide más a lo que este se tumba en la cama y es ella quien lo coge ahora a él, se ve como lo hace sin parar, como disfruta a cada empujón que se da, como deja que se le meta entera , ese tronco de carne negro hasta rozar el culo con sus huevos, se gira, se hacen un 69, así ahora le veo la cara y veo que está como muy sudada , desencajada , exhausta de placer, lo masturba fuerte y le chupa el glande hasta hacer que se venga, le salta la leche por toda la cara de ella, le va a los ojos y al pelo, veo como Silvia se ríe con el semen de este pegado por todos sitios?se van al baño los dos, ahí ya no veo que es lo que hacen?
    Miro el reloj de la pared del despacho y son las 16h y estoy en el despacho y me doy cuenta que no he abierto ni el PC aun, estos llevan desde las?11h de la mañana¡¡¡¡, no puede ser verdad, me casé con una auténtica puta y yo sin saberlo.
    Ya vuelven los dos estos hacia el comedor, él chico va pegado detrás de ella manoseándole las tetas mientras ella se ríe, el otro se da cuenta y se ríe también, llegan donde él, en el sofá y se sientan los tres con mi mujer en medio de los dos y sin dar respiro, el chico que estaba antes esperando en el sofá se levanta y tira de ella para ponerla de rodillas en la alfombra del suelo del comedor, ahora de 4 patas y le empieza a dar lengüetazos en el culo y apartarle las nalgas con sus manos, se ve como le mete los dedos en el culo, ella con la cabeza agachada y los ojos cerrados mientras el otro tipo va corriendo de nuevo al dormitorio, abre el cajón de mi mesita de noche y toma algo, algo que le da al tipo que le mete los dedos en el culo de Silvia y que ahora se pone lo que parece ser que ha traído este otro, el lubricante mío¡¡¡¡, se lo pone a ella , esta hace cara de gustarle, está con la boca completamente abierta, el chico se lo pone también en la punta de la verga y preparándose empieza por meterle despacio la verga en el culo. Mucha verga veo ahí, pero sin parar va empujando cada vez mas hasta ensartarle la mitad, ella parece gritar fuerte, el otro los mira fijamente mientras se toca su verga, la coge y la coge sin parar, la tiene agarrada por el pelo y casi toda la verga ya dentro del culo, veo como al empujarla le queda completamente dentro, después de unos tiempo así le ofrece a su compañero que la tome él del pelo a mi mujer y sacando su verga le hace paso para que sea el otro que de una golpe se la meta hasta el fondo y así seguir cogiéndola, madre mía, no puedo creer nada de esto, no imaginaba algo así ella, ni si quiera lo pensara y menos que lo hiciera, los dos tipos se la van pasando para reventarle el culo una vez cada uno, en el suelo, en la mesita, en el sofá , ella ya ni gestos hacer de placer, se limita a tener la boca abierta, hasta que se giran todos , ella se sienta en la alfombra y estando ellos de pie se vienen en toda la cara?hijos de puta ¡¡¡ haber con qué cara voy yo hoy a casa pensaba yo, como enfoco todo esto y que hago, claro??¡¡¡ Puta!, vaya zorra tengo por mujer.
    En una de esas que ella sale por enésima vez del baño desnuda, veo que ellos se han vestido y se hacen como si se despidieran, van todos hacia la puerta de casa y se marchan los dos tipos, ella parece ponerse a recoger todo y abrir ventanas y limpiar, claro, son ahora las 18,30h. Apago las cámaras del móvil y dejo de mirar.
    19,45h, llego a casa, Silvia está cocinando algo y me grita : ?hola cariño, estoy aquí?, como si no lo supiera, la saludo, me da un beso en la boca y un abrazo como de costumbre y me nota que tengo una erección, yo ni cuenta que di que solo verla me excité, no se porqué, ella hace gala de mi paquete, aunque alguna vez me dijo que era algo mediana, pero ahí, me lo frota por encima del pantalón, ?ummm que cosita rica tienes amor¡¡¡? me dice. Cenamos y ya en la cama, esa noche, pienso en lo visto y se me empalma sin poder hacer que afloje, ella se da cuenta al roce y se sorprende, tonteamos con besos y caricias y me pregunta por qué estoy tan excitado ?hoy?, le contesto que me pone mucho, que me encanta ver como coge y que deseaba metérsela esa noche, le digo esas cosas mientras la tengo a 4 patas en la cama y la estoy penetrando, ella ante esas palabras poco habituales en mí, me pregunta porque ?me dices estas cosas cariño ¿?, que te pasa hoy ¿?,
    -Nada cielo, solo que no sabía que te gustara ser tan puta ¡¡¡
    -Nando ¡¡¡ y eso ¿??
    -no pares cariño que me la pones dura así, anda puta dame tu panocha, muévete rápido ¡¡¡¡
    -ummm como quieras cielo ¡¡¡¡
    -quiero que me cogas mientras te muestro un video, si¿??
    -Siiiiii , si cariño lo que quieras ¡¡¡¡
    -no dejes de cogerme, siii??? , prométemelo ¡¡¡¡
    – Nunca lo haría cielo, vamos, vamos, méteme esa verga amor¡¡¡¡¡¡¡¡ ummm
    -mira.
    PLAY.
    -JUANJOOOOOOOOOOO ¡¡¡ lo sabes ¡¡¡¡¡ lo has , me has visto ¡¡¡¡¡ perdonaaame.
    -Nada puta, no te perdono, pero no pares, tú sigue cogiendo.

    autor: desconocido

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      Diario de un consentidor(11-12) (Argentina)

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      Seguimos la historia…

      Media hora más tarde seguíamos sin noticias de Carlos, no habíamos vuelto a hacer ninguna alusión al tema, ambos leíamos en uno de los salones del hotel. Carmen me sacó de mi lectura cuando dijo.

      "Bueno, casi mejor así, una preocupación menos" ? aquel comentario aislado la delataba, oculta tras su papel de lectora concentrada bullía una mujer ansiosa por volver a sentir y temerosa de dejarse llevar. La miré y le sonreí.

      "Nos organizamos por nuestra cuenta, dentro de un rato nos vamos al centro, cenamos, si te apetece vamos a bailar?" ? el sonido del móvil interrumpió mi frase, vi como los ojos de Carmen brillaban, miré el numero y le hice una señal afirmativa.

      "Carlos, dime"

      "¿Qué hay Mario? Perdona el retraso, estuve haciendo unas llamadas y se me complicó?"

      "No te preocupes, estábamos haciendo planes precisamente"

      "¿Sin mi? ¿Cómo crees que iba a fallar? Bueno a lo que íbamos, tengo reservada una mesa en el mejor restaurante de Sevilla, a las afueras, luego allí mismo tenemos un sitio genial para tomar algo al aire libre, incluso si las chicas quieren podemos darnos un chapuzón, luego un baile? y lo que la noche pida, incluso he reservado dos habitaciones, comunicadas eso si ¿Qué te parece?"

      "¿Eso quiere decir que te traes pareja?" ? Carmen levantó la vista sorprendida.

      "Traigo una amiga, si; No vamos a ser nones, estaría mal, uno de los dos se iba a aburrir un poco no crees?" ? comencé a entender por donde iba Carlos.

      "Si, en eso tienes razón"

      "¿Os recojo a las nueve?"

      "Mejor dame las señas, prefiero tener el coche a mano"

      "Venga Mario, ¿para qué dos coches? Iremos mejor los cuatro juntos en uno solo, además, no vas a necesitar el coche en toda la noche, te lo aseguro" ? no me gustaba demasiado la idea de depender de nadie para volver a Sevilla, si ocurría algo y queríamos irnos seria muy violento volver con ellos, pensé no obstante que siempre quedaba la opción de llamar a un taxi y por otra parte me gustó la idea de ir todos juntos, se prestaba a entablar antes un buen clima entre los cuatro.

      "De acuerdo, pero si surge algo y nos tenemos que ir te cojo las llaves"

      "¡Hecho!"

      Cuando colgué Carmen me interrogaba con la mirada.

      "Se trae a una amiga, en cierto modo casi mejor, así no estará tan insistente" ? A Carmen no pareció gustarle la idea, no dijo nada pero observé en su rostro una expresión cercana a la desilusión; Esa era la incongruencia de nuestra situación entonces, deseábamos cosas que eran incompatibles, buscábamos el morbo, el juego, y además queríamos salvavidas que nos protegieran, pero cuando aparecían los salvavidas nos molestaban.

      Salimos a dar una vuelta por Sevilla con la intención de elegir un vestido adecuado para Carmen, la ropa que se había traído era bastante informal. Tras mirar algunas boutiques y probarse varios vestidos elegimos uno precioso, estampado en minúsculas flores en tonos verde pálido, de finos tirantes, con escote en pico, espalda al aire y falda de vuelo por medio muslo, deseaba que esa noche se lo pusiera sin sujetador, como en el probador, era un vestido que difícilmente aceptaría cualquiera de los sujetadores de carmen, pero no quise presionar para evitar que cayese en la cuenta y lo solucionase en la sección de lencería. Compramos también unas sandalias de tacón alto, altísimo, como le gustan a ella.

      De regreso al hotel y ya algo justos de tiempo, Carmen se dio una ducha rápida protegiendo su pelo y después comenzó a arreglarse, me sorprendió verla pintarse ya que desde que habíamos llegado apenas se había dado un poco de sombra en los ojos. Yo seguía dándole vueltas a una frase que había dicho aquella tarde, "¿Y si resulta que yo quiero?"; Cada vez que reproducía en mi mente su voz pronunciando aquellas palabras un escalofrío me recorría la espalda, una mezcla de miedo y placer me invadía, ¿y si quería? ¿Y si la noche se complicaba y Carmen acababa accediendo al asedio de Carlos? ¿Sería capaz de llegar hasta el final? ¿Y si en algún momento se arrepentía, podríamos controlar a Carlos? Decidí no perderla de vista en ningún momento para que si algo de esto sucedía, me tuviera cerca para ayudarla.

      La veía pintarse ante el espejo del baño, aun desnuda y me parecía mentira que estuviera deseando ponerla en brazos de otro hombre, ¿qué me estaba sucediendo? ¿Había dejado de amarla? En absoluto, ¿Habíamos perdido la pasión y necesitaba de inyecciones extra de morbo para no aburrirnos? Nada más lejos de la realidad ¿Qué era entonces lo que me impulsaba a desear compartirla? No lo sabía pero solo plantearme la idea me provocaba un placer abrumador.

      Comenzó a elegir la ropa interior y entonces fue cuando cayó en la cuenta de que ninguno de sus sostenes le servía para el vestido; me asombró la tranquilidad con que se lo tomó y eso me llevó a pensar que en el fondo ya lo esperaba, de esta manera la idea de ir sin sujetador no partía de ella sino de las circunstancias. Meses después me confesó que al probarse el vestido en la tienda pensó en ello y lo dejó a la suerte, quizás alguno le valdría y si no, no le quedaría mas remedio que ir sin sostén, aquello formaba parte también de su forma de vivir la aventura, sin tomar explícitamente aquella iniciativa para no animarme demasiado.

      A las nueve menos veinte estábamos listos y algo nerviosos; Bajamos a la cafetería del hotel y allí pude comprobar el efecto que causaba con su nuevo vestido, estaba preciosa, espectacular, siempre destaca por su altura pero aquella noche brillaba especialmente y yo me consumía de placer viendo las miradas de deseo que le lanzaban los hombres a su paso.

      Diez minutos antes de las nueve sonó mi móvil, Carlos estaba en la puerta y nos pedía que le evitásemos tener que aparcar. Carmen y yo salimos del hotel y nos lo encontramos acompañado de una chica rubia, ambos apoyados en el BMW de Carlos, me fijé en la mujer, en un segundo me hice una idea, debía tener unos treinta y cinco años, delgada, con mas pecho que Carmen y una piernas bonitas, sus ojos verdes parecían sonreír. No pude por menos que comparar y, como siempre, Carmen ganaba por goleada.

      Carlos se adelantó hacia nosotros.

      "¿Hemos sido puntuales verdad? No quería que me pusieran otra multa" ? se acercó a mi mujer recorriéndola con los ojos de arriba abajo deteniéndose brevemente en sus pezones que marcaban la ligera tela del vestido ? "Estás preciosa" ? y le dio un beso en la mejilla, notó la prevención de Carmen que se temía otro intento de besarla en la boca y sonrió.

      "Os voy a presentar a Elena, una colega y buena amiga, estos son Carmen y Mario, amigos y residentes de Madrid" ? parafraseó la clásica presentación de un viejo concurso de televisión, intercambiamos besos y alguna frase de cortesía, yo no podía evitar mirar a Elena, era realmente atractiva y como tenía una ligera sospecha de las intenciones de Carlos al traerla me sentía especialmente inclinado a inspeccionarla de una manera velada, Carlos estaba al lado de Carmen, hablando en general con todos pero dedicándose mas a ella, y Elena al sentirse algo desplazada intentaba abrir una conversación conmigo.

      "Bueno, dejémonos de cháchara y vamonos hacia allá, no creo que haya hoy atasco pero mejor prevenir" ? dijo tomando a Carmen de la cintura y abriéndole la puerta delantera del coche, Carmen me miró justo cuando yo estaba riendo con Elena un juego de palabras, la miré de reojo pero no me di por aludido, las sensaciones que me embargaban mientras veía por primera vez como otro hombre me arrebataba a mi mujer eran demasiado intensas como para detener aquello, al mismo tiempo quería evitar que Elena se sintiera violenta por la acción poco elegante de Carlos que la relegaba al asiento trasero; Carmen entró en el coche y Carlos, después de cerrarle la puerta, dio la vuelta y se montó mientras yo dejaba a Elena que entrase en el asiento de atrás antes de hacerlo yo, la visión generosa de sus muslos al desplazarse por el asiento del coche me disparó una punzada de placer, mi último pensamiento esa noche era ligar, tenía otros objetivos mas excitantes, aun así la mirada de Elena al verme enganchado en sus muslos me dijo mucho sobre su disposición.

      Como de costumbre, Carlos amenizó el viaje con mil anécdotas y bromas que todos contestábamos, descubrí que Elena era una chica muy agradable y simpática, su acento parecía mas de Granada que de Sevilla, cosa que me confirmó en un momento en que decayó la conversación a cuatro y comenzamos a hablar los dos, yo observaba lo que ocurría en los asientos delanteros, Carlos hablaba con Carmen en un tono que apenas era audible atrás y ella participaba en la conversación abiertamente, parecía relajada; Yo tenía una sensación extraña, mitad ahogo, mitad emoción, el primer paso se había dado de una manera natural, Carlos la había tomado como pareja y yo había ignorado sus miradas de auxilio, la había cedido; Esperaba que no estuviera molesta conmigo por ello, me hice el propósito de recuperarla al llegar a nuestro destino.

      Cuando llegamos al restaurante, bajamos del auto y comenzamos a caminar hacia la entrada; Otra vez Carlos acaparó a Carmen tomándola de la cintura, me di cuenta de que Elena se quedaba de nuevo algo fuera de lugar y decidí acudir en su ayuda, caminamos emparejados, Carlos y Carmen delante y Elena y yo detrás; Viendo como la llevaba de la cintura sin que Carmen lo evitase comprendí que mi mujer seguía sin ver malicia en aquel gesto, para ella no tenía ninguna importancia pero yo sabía que Carlos lo interpretaba como un signo de la predisposición de Carmen; Con su mano casi en la cadera tenía que notar el balanceo que imprimía a su cuerpo al andar; la sensación de ahogo crecía en mi, por un momento temí perder el control de lo que estaba sucediendo y un sentimiento de urgencia, casi de vértigo se apoderó de mi, era algo parecido a un amago de ataque de pánico al que logré sobreponerme como pude.

      Carlos habló con el maitre y nos acompañaron a una mesa muy bien situada al lado de un gran ventanal, De nuevo se apropiaba de Carmen, le ofreció asiento a su lado, ella me miró antes de sentarse y yo le dediqué una sonrisa, Carmen bajó los ojos y cuando los elevó de nuevo hacia mi me perdí en su intensidad, estaba lanzándome un mensaje: ?me estas dejando sola? o quizás ?me estás entregando?, no se, lo cierto es que esa mirada me hizo volver a ser consciente del paso que estábamos dando. Sentía mi garganta atenazada por la emoción.

      La cena transcurrió en medio de una conversación realmente agradable en la que todos participamos, la sensación de pérdida, de ser víctima de un robo que yo experimentaba se mezclaba con una intensa excitación; Carmen comenzó la velada algo reservada, poco habladora, fruto quizás de la tensión que acumulaba, pero a medida que avanzó la cena y tras un par de copas de un excelente vino blanco, noté como se distendía y volvía a ser ella misma. Hubo momentos en los que la conversación se dividió, Elena y yo comenzamos una breve charla sobre nuestras respectivas carreras profesionales aunque no dejaba de vigilar el otro lado de la mesa donde un Carlos seductor hablaba en voz baja con mi esposa, acercándose a ella mientras que Carmen le escuchaba y sonreía, enviándome de vez en cuando su mirada profunda, inquietante, una mirada que no acertaba a interpretar, ya no había tensión en ella, ahora se desenvolvía con naturalidad, aceptando los galanteos de Carlos y mirando de vez en cuando a mi pareja y a mi alternativamente.

      Tras los postres y el café continuamos la charla sin prisas, el ambiente era agradable y todos estábamos inmersos en la conversación que no había decaído en toda la noche, hubo tiempo para que cada uno contara un poco de si mismo al resto, Carlos fue el inductor de esta manera de conocernos, primero lanzó el testigo a Elena, que nos contó algo de ella. Psicóloga como todos nosotros, se definió como divorciada con vocación de viuda, dando a entender una relación tempestuosa y mal terminada; compañera de trabajo de Carlos cinco años ya, amigos y la insinuación velada de algo mas entre ellos, algo que fue pero ya no era aunque se notaba el rescoldo aun vivo en Elena; Aficionada al cine europeo y al jazz, coincidía con nosotros en gustos y durante un momento hablamos los tres sobre nuestros músicos preferidos dejando a Carlos fuera.

      Pero solo fue una pausa. Como un director de teatro Carlos manejaba el tempo y el orden de los intervinientes; Cuando Elena dio por terminada su presentación Carlos me miró e hizo un gesto con la mano dándome la palabra, comencé a hablar de mi y dije casi toda la verdad, me definí profesionalmente primero y personalmente después, dije que estaba casado con una mujer estupenda y evité mirar a Carmen en ese momento, Carlos me interrumpió con un comentario algo fuera de lugar ? "está felizmente casado pero eligió a Carmen para venir a Sevilla, que curioso" ? le miré molesto y me fije en la expresión de mi mujer, divertida viéndome en ese apuro.

      "Son dos cosas diferentes, Carlos" ? se dio cuenta de que me había molestado y evitó responderme.

      A continuación Carlos cedió el turno a Carmen que también inició su historia por la parte profesional dejando para el final su parte más personal.

      "Yo también estoy casada, no tengo niños por exceso de dedicación y quizás por falta de vocación? conozco a Mario desde la facultad, de hecho fue profesor mío? "? la vi dudar en ese momento ? "? luego nos volvimos a reencontrar hace unos años y? bueno aquí estamos" ? me miró a los ojos, ambos estábamos disfrutando de la situación, del equivoco, del engaño, la presencia de Elena había servido para dar confianza a Carmen que ya no se veía tan sola frente a un Carlos arrollador, decidido a ir a por todas con ella; Suponía erróneamente que Elena venía como pareja de Carlos cuando la realidad es que su papel era quitarme de en medio.

      Durante toda la cena Carmen y yo nos habíamos estado vigilando el uno al otro, usando a nuestras parejas para jugar entre nosotros, si yo reía con Elena, Carmen me devolvía un coqueteo con Carlos y si era yo quien la descubría posando su mirada mas sensual en Carlos entonces le devolvía un flirteo con Elena; Nos entendíamos perfectamente con la mirada. Sabía que Carmen estaba excitada y confiada, había bebido más de lo que acostumbra y empezaba a pensar que Carlos la estaba haciendo beber a propósito.

      Llevábamos ya una hora de confidencias cuando Carlos dio por zanjada la sobremesa.

      "¿Qué os parece si nos vamos? os voy a llevar a un sitio que os va a encantar" ? Elena dio a entender con un gesto que conocía el lugar al que íbamos, Carlos ya había pagado la cuenta que se negó en rotundo a compartir conmigo; Nos levantamos y nos dirigimos a la salida, allí esperamos a las chicas que habían ido a los lavabos.

      Carmen y Elena se dirigieron a los lavabos en silencio, apenas habían podido conversar en la cena y se mantenía una cierta distancia entre ellas; Decidida a romper esa situación Carmen comenzó a hablar justo en el momento que Elena hacía lo mismo, ambas rieron y aquello fue suficiente para que brotase la confidencia

      "La verdad es que me ha sorprendido Mario, no lo esperaba tan? no se, es muy interesante"

      "¿Esperabas otra cosa?" – Carmen estaba intrigada por conocer la idea que Elena se había hecho de mí.

      "Bueno, si; Carlos me había hablado de él, esperaba alguien mayor" – Carmen se sonrió tratando de imaginar qué era lo que le habría dicho Carlos sobre mí"

      "¿Un profesor serio, aburrido, siempre concentrado en sus investigaciones y en sus pacientes?" ? pronunció esta frase engolando la voz, tratando de caricaturizar la imagen clásica del profesor distraído y pedante. Elena rió con ganas.

      "Para nada es así, parece encantador… lo único es que?" ? detuvo la frase dando pie a Carmen para que interviniera, ésta se limitó a arquear la cejas y esperar ? "? bueno, es muy agradable y hemos charlado bastante, pero está demasiado preocupado por lo que sucede al otro lado de la mesa y a veces se pierde" ? Elena terminó la frase y quedó pendiente del efecto en Carmen, ésta comprendió que no había pasado desapercibido para ella el juego que mantenían ambos, intentó dar una explicación creíble.

      "Mario y yo somos buenos amigos? además de? bueno, ya sabes; Nos conocemos desde la facultad, se sigue sintiendo un poco mi mentor"

      "Pues entonces vigila a Carlos, está obsesionado contigo"

      "¿Eso te ha dicho?"

      "Eso y algunas otras cosas" ? Carmen temió por donde iba la insinuación de Elena ? "? aunque me imagino que son fanfarronadas de hombres" ? se limitó a asentir con la cabeza, se sentía presionada y dio un giro a la conversación para pasar a ser ella quien interrogase.

      "¿Y Carlos?, le conoces bien, ¿no?" ? Elena entendió que no deseaba seguir hablando de aquello y aceptó el envite sin ambigüedades

      "Estuvimos juntos dos años, justo cuando me estaba separando de mi marido, la verdad es que me ayudó mucho, pero es muy inconstante y? no pudo ser" ? Carmen apreció un tono de tristeza en su expresión que rápidamente Elena ahuyentó ? "en fin, cosas que pasan, ahora te toca a ti manejarle" ? Carmen no sabía como responder.

      "¿Tu crees?"

      "Vamos, no me dirás que no te has dado cuenta, está tontito cvontigo, no hace mas que hablar de ti, ya puedes andarte con ojo" ? carmen sonrió, no l egustaba que la considerasen débil

      "No te preocupes, tengo claro lo que quiero y lo que no" ? intentó que estas palabras mostrasen una seguridad que estaba lejos de sentir – "Bueno, vamonos, estarán aburridos sin nosotras"

      "Seguro que están hablando de nosotras, contándose lo que no deben"

      "Mario no es así" ? sonaba a defensa e inmediatamente se arrepintió de esa frase tan personal.

      "¿Es un hombre, no? Entonces cuenta con que Carlos sabe todo de ti, y con detalles" ? Carmen negó con la cabeza, pero sin convencimiento, Elena sonrió ? "Me contó que has tenido una fiesta la otra noche, con unos amigos de Mario" ? sus ojos sonreían intentando quitarle hierro al comentario, Carmen no se molestó, en realidad era ella quien lo había lanzado delante de Carlos.

      "Lo escuchó en una conversación que tuvimos Mario y yo delante de él" ? Elena se dio por vencida.

      "Vale, vale, al final me vas a convencer de que es un ejemplar único, me lo estás vendiendo tan bien que voy a tener que pensármelo" ? carmen sintió una punzada, la misma punzada que sentía yo cuando Carlos hablaba de ella como si no fuese mi esposa, ahora era Carmen quien veía como otra mujer se interesaba por mi, algo totalmente nuevo para ella.

      Mientras tanto, nosotros esperábamos en la entrada del hotel, Carlos sacó el paquete de cigarrillos y me hizo una seña para salir a la calle, allí encendió un cigarrillo y me miró.

      "Bueno, ¿qué te parece Elena? No te quejarás, te he elegido buena pareja" ? me rebelé ante la desfachatez de Carlos, ninguneándome y dando por sentado que le cedía a Carmen.

      "Es preciosa, pero te la devuelvo; Mi pareja es Carmen" ? Carlos detuvo la bocanada que estaba punto de aspirar y me miró con cierta frialdad en sus ojos, enseguida suavizó su expresión antes de comenzar a hablar.

      "Vamos Mario ¿Qué te pasa? ¿No has visto como está conmigo? ¡relájate un poquito! Pasado mañana volvéis a Madrid y? ¡toda tuya!" ? su tono frívolo me resultaba despreciativo para Carmen a la que trataba como un juguete de usar y tirar; Intentaba hilvanar un argumento pero me encontraba sin fuerza para ello, había entregado todas mi armas y ahora no me podía desdecir, prácticamente la había arrojado a sus brazos ¿qué razones podía plantear ahora para retenerla conmigo?

      Carlos aprovechó mi duda y, sintiéndose ganador me arrinconó

      "Se lo está pasando bien, tu mismo lo has visto, tiene mucho carácter y si no quisiera seguir conmigo estoy seguro de que lo hubiéramos sabido sin ninguna duda? vamos Mario, disfruta de la compañía, te aseguro que Elena es una mujer que tiene mucho que dar" ? elevó los ojos pensando ? "? en la cama es una? es muy imaginativa? y no le hace ascos a casi nada"- su sonrisa me resultó desagradable ¿era éste el tipo de hombre con el que quería que se acostase carmen?

      La llegada de ambas mujeres abortó aquel momento, Carlos avanzó hacia Carmen enganchándola con una pregunta que me alertó.

      "Precisamente estábamos hablando de ti" ? aprovechó para volver a cogerla de la cintura; Carmen, ajena a lo que habíamos hablado le hizo un guiño a Elena y le dejó hacer sonriendo.

      "¿Si? Espero que hablaseis bien" ? dijo esto mirándome, escrutando mis ojos, sus pensamientos seguramente la alertaban ante una posible indiscreción mía, evité su mirada.

      Carlos siguió hablándole mientras la conducía hacia el camino, se consideraba ganador de la pequeña escaramuza que habíamos tenido y la volvía a acaparar mientras yo, con una extraña sensación de derrota que no conseguía que me fuera desagradable, intentaba no dejar sola a Elena.

      Era una noche fresca de verano, el silencio del campo contrastaba con el bullicio del que salíamos y una relajante sensación de paz nos acompañó mientras caminábamos lentamente por el sendero de tierra que nos llevaba al borde de la carretera, allí esperamos una oportunidad para cruzar, Carlos cogió a Carmen de la mano y la arrastró para aprovechar un momento en el que un coche aun lejano se aproximaba a gran velocidad, ambos cruzaron corriendo y al llegar al otro lado observé que no la soltaba, Carmen reía tras la carrera mientras seguían caminando sin esperarnos, Elena y yo tuvimos que esperar aun un poco mas hasta que pudimos cruzar; Ellos avanzaban a unos quinientos metros de nosotros, y no me pareció apropiado acelerar el paso para alcanzarlos. Elena caminaba en silencio a mi lado posiblemente había notado que mi atención estaba centrada en Carmen

      "Ten cuidado con Carlos, parece decidido a quitarte la chica" ? yo me situé en mi papel y le contesté.

      "No es mi chica, es libre de hacer lo que quiera"

      "Pero sois buenos amigos, no?"

      "Somos algo mas que buenos amigos, si es a lo que te refieres" ? sonreí y ella afirmó con al cabeza sonriendo, se cogió de mi brazo y continuó.

      "Perdona, soy un poco cotilla"

      "En absoluto, no te preocupes"

      "Ya ves, Carlos me ha traído de? carabina, para evitar que te aburras, aunque yo creo mas bien que lo que quiere es mantenerte distraído" ? ambos reímos.

      "Si, lo imaginé desde el principio, espero que no te moleste tu papel" ? Elena negó con la cabeza.

      "No, claro que no, la verdad es que no esperaba pasármelo tan bien"

      "Vaya, gracias"

      "¿Te puedo hacer una pregunta, Mario?"

      "Adelante"

      "¿Te preocupa algo? No has dejado de mirarles durante toda la cena" ? me sentí pillado en falta.

      "Aprecio mucho a Carmen, es una mujer genial, por otro lado apenas conozco a Carlos, no es que quiera ir de protector, ella se las sabe arreglar sola, pero? en fin, Carlos parece ir demasiado deprisa para el carácter de Carmen" ? si intentaba desechar esa imagen de protector mis argumentos habían sido equivocados.

      "Hemos charlado un poco cuando fuimos al baño, yo la veo muy relajada, con mucho control, Carlos aparenta mas de lo que luego es en realidad, no te preocupes"

      Pero me preocupaba, no podía evitar preocuparme al ver a lo lejos a Carmen paseando de la mano de Carlos, riendo alguna ocurrencia de él, separándose sin soltarse y volviendo a acercarse? todos esos eran gestos naturales, espontáneos en ella que sin embargo Carlos estaría traduciendo desde su perspectiva y dándole argumentos para ir mas allá, no sabía bien como encajaría Carmen un ataque mas directo, no podía estar seguro, yo estaba allí y no había peligro, lo que no deseaba es que pasase un mal rato.

      Seguí charlando con Elena pero mi atención seguía en aquella pareja que nos precedía, Carlos soltó la mano de Carmen y la volvió a coger por la cintura a lo que ella respondió sin oponer resistencia, cediendo a la presión que le aproximaba a él, yo observaba el balanceo de sus caderas al andar, esa manera tan espontáneamente sensual de moverse y de nuevo pensé que Carlos tenía que estar notando en su mano la ondulante cadera. Estaba seguro de que ella sentía mis ojos en su espalda, sabia que si no hacia nada para soltarse era para provocarme. Coqueteaba con Carlos para mí, se dejaba seducir para mí, era yo el destinatario de su juego.

      "No me estás escuchando" ? oí decir a Elena con un fingido tono de reproche.

      "Perdona estaba distraído"

      "Ya lo vi, seguías vigilando a tu chica que no es tu chica" ? dijo con tono mordaz

      Les vimos llegar a la puerta del hotel y como entraban sin contar con nosotros, inconscientemente aceleré el paso.

      "Mario, déjala, no es una niña, no creo que corra peligro" ? eché a reír al verme descubierto.

      "Vaya, parece que me salió la vena paternalista"

      "Es cierto, pareces su marido" ? se me heló la sangre, ¿era posible que no supiese disimular mejor?, reí su ocurrencia quizás demasiado nerviosamente.

      Elena se había agarrado de mi brazo durante el trayecto, al entrar en el local los encontramos en la misma puerta esperándonos, cuando Carmen vio a Elena de mi brazo, me miró con cierta ironía en sus ojos, como si me dijera ?vaya, parece que tu también vas a jugar?, le sonreí, entonces hizo un gesto sencillo, inconsciente, apenas perceptible pero que tanto Carlos como yo captamos: la tensión que aun mantenía en su cuerpo desapareció y dejó caer su peso en Carlos que la mantenía cogida por la cintura. Era algo mínimo, insignificante, algo en lo que la propia Carmen no reparó pero que el cuerpo de Carlos percibió con claridad. Y mis ojos también.

      Nos dirigimos hacia la discoteca anexa al hotel, era un local muy amplio decorado con buen gusto, la música que sonaba no resultaba estridente, no había demasiada gente aun y pudimos escoger mesa, cosa que en realidad hizo Carlos, nos situamos en una esquina frente a la pista pero lo suficientemente lejos de ella como para poder mantener una conversación sin gritar. Los asientos, dos butacones amplios y mullidos, estaban esquinados el uno con el otro; Carlos estaba atento a cualquier movimiento de Carmen y comenzó a hablar con ella al tiempo que la cedía asiento, Elena y yo nos sentamos enfrente de ellos; Los butacones eran demasiado blandos para mi gusto y algo bajos; miré a Carmen que seguía con interés una historia sobre el origen humilde del dueño del hotel y como había crecido de la nada, descubrí que al sentarse en aquel sillón tan bajo su vestido dejaba casi dos tercios de sus muslos al descubierto, Elena y yo charlábamos también y comprobé que a ella le sucedía los mismo; me pilló mirándole las piernas y me devolvió una sonrisa cómplice; No reaccioné como hubiera querido, estaba tan absorto en mantener su conversación sin perder de vista a Carmen que balbuceé una torpe excusa que solo consiguió provocar una sonrisa burlona en Elena.

      Porque ese era yo, un hombre sumido en mil contradicciones viendo como mi mujer era asediada por Carlos, como sus ojos se perdían una ay otra vez en sus muslos desnudos; Le escuchaba hablar, reír, comentar? y veía a mi mujer cada vez mas desinhibida, cada vez mas libre, cada vez mas independiente? y eso, en alguna oscura y oculta zona me dolía. Al sentarse en aquel sillón tan bajo su escote se ahuecaba insinuando el comienzo de sus pechos desnudos y Carlos, cada vez con menos cautela, dejaba que sus ojos se regodeasen en su escote sin importarle que ella lo notase, mas de una vez, al volver su mirada se encontró con la de Carmen, entonces sonreía y continuaba hablando; Ella por su parte no evitaba la situación, poco podía hacer, es cierto, las butacas impedían otra postura si no querías hundirte en el respaldo, pero tampoco demostraba el mas mínimo signo de molestia.

      Una palabra imprevista apareció en mi mente: ?desvergonzada?, una palabra inusual que surgía de lo más profundo de mí y que repetí mentalmente una y otra vez dirigiéndola a Carmen mientras la veía desplegar todo su encanto, su seductora mirada, su sonrisa? Al mismo tiempo sentía la excitación de ver como su vestido resbalaba inevitablemente por sus muslos dejándolos cada vez más desnudos? y Carmen, si se daba cuenta, no hacía nada por evitarlo, se movía con desenvoltura en una situación que apenas unos días antes le habría sido violenta. Reía, bromeaba, seducía con su encanto libre de sofisticación y de cualquier atisbo de artificialidad. Los temores y las dudas que se había planteado en el hotel parecían haber desaparecido durante la cena, ahora era una mujer libre, sensual, sin complejos, sin prejuicios, parecía ser realmente la mujer que habíamos construido durante nuestro viaje de camino hacia Sevilla. El alcohol sin duda ayudaba a esta transformación.

      Desvergonzada, era una mujer desvergonzada, me repetía a mi mismo.

      Carlos propuso bailar, se levantó y le ofreció su mano a Carmen, ella me miró y yo le devolví una sonrisa cargada de amor al tiempo que me levantaba y sacaba a bailar a Elena. Carlos la tomó por la cintura y ella no tuvo mas opción que rodear su cuello con sus brazos, comenzaron a bailar, muy cerca de nosotros; Elena se mantenía en silencio, un silencio que comenzaba a resultar violento, pero yo no conseguía enlazar dos ideas seguidas que me permitieran mantener una conversación con ella, mi mente estaba en otra parte, frente a mi, donde se desarrollaba una batalla de seducción entre mi esposa y Carlos.

      "Bueno? te has quedado completamente mudo" ? Elena intentaba romper el silencio que se había establecido entre nosotros; La miré, era una mujer realmente atractiva y sentí un poco de lástima por ella, su papel en esta velada no era posiblemente el que se esperaba, sin embargo mantenía con elegancia la situación.

      "Discúlpame Elena, estoy algo distraído esta noche" ? no se merecía ser ignorada y me propuse evitarlo sin dejar mi vigilancia.

      "¿Puedo hacer algo para centrarte?" ? le sonreí, ella subió las cejas en un gracioso gesto con el que enfatizaba su pregunta; moví la cabeza negativamente

      "No será necesario, te prometo que no voy a dejar que te aburras"

      "¡Vaya, suena bien!" ? dejé pasar su insinuación, mi cabeza estaba en otro sitio.

      Frente a mi, Carlos acariciaba levemente la espalda desnuda de Carmen, ambos se mantenían muy juntos, con las mejillas casi pegadas ¿Por qué Carmen no marcaba distancias? En la siguiente vuelta mis ojos se cruzaron con los de Carmen, su mirada profunda, intensa, algo tocada por el alcohol? una sonrisa nació en su boca al mirarme, le lancé un beso que ella me devolvió antes de perderla de mi campo de visión. Elena y yo manteníamos una conversación trivial, plagada de tópicos, pero al menos habíamos conjurado ese silencio frío con el que habíamos inaugurado el baile. Deseaba volver a ver a Carmen, las vueltas en la pista se me hacían eternas y luego, el instante durante el que podía observarla me parecía fugaz. A la siguiente vuelta estaba de espalda a mi, las manos de Carlos habían cruzado la frontera de su cintura y reposaban en sus riñones, muy cerca de sus nalgas, aun no era evidente pero faltaba tan poco? Carlos guiñó un ojo al verme.

      "¿Sigues enfadada conmigo?" ? sus labios rozaron la oreja de Carmen al pronunciar esta palabras y a ella se le erizó el cabello de la nuca al recibir el aliento de Carlos.

      "¿Enfadada? ¿yo? ¿por qué había de estarlo?" ? Sabía a lo que se refería, su "espantada" de aquella mañana le hacía pensar que estaba molesta con él, sin embargo sus avances de aquella noche no eran los de un hombre arrepentido. Carmen le dejaba hacer, le permitía seducirla con sus palabras, le dejaba cogerla de la mano delante de mí y eso le producía un placer desconocido, intenso, el morbo de lo prohibido-tolerado, la infidelidad explicita ante el marido que lo consiente y lo alienta. Ensimismada en estos pensamientos no se daba cuenta de que a cada minuto Carlos se sentía mas aceptado por ella y por tanto mas libre de avanzar en su conquista del territorio inexplorado. Carmen sentía las manos en sus riñones, las notaba avanzar lentamente hacia abajo, se dejaba arrullar por sus palabras susurradas en su oído, convertidas en esa caricia que, – yo lo se bien -, la desarma, que la deja sin defensas, sin argumentos para decir "no".

      "En fin niña, esta mañana no te fuiste muy contenta conmigo, supongo que no me porté bien, ¿fui malo?" ? Carmen sonrió: ?malo?, como si fuese un crío, eso era algo que la sorprendía de Carlos y la enternecía, en algunos momentos parecía un niño travieso, otras, un niño perdido, como cuando le pusieron la multa y ella estaba negándole el caramelo de irse en su coche; Inconscientemente se dejo llevar de ese sentimiento casi maternal y lo estrechó un poco mas con sus brazos que rodeaban su cuello, cuando se dio cuenta de lo que había hecho se preocupó pero ya era tarde para retroceder; Para Carlos ese gesto, lejos de expresar ternura, le confirmaba que estaba mas dispuesta de lo que lo había estado aquella mañana y reaccionó cruzando sus manos en su cintura atrayéndola hacia el, sintió su vientre pegado al suyo y pudo notar el roce de sus pechos libres bajo el vestido acariciándole con cada paso que daban; la erección no tardó en producirse.

      "Un poco malo si, hiciste lo que te dio la gana, a pesar de que yo te decía que no" ? Carmen intentaba dar una imagen de aplomo, aparentar normalidad; A cada vuelta cruzaba los ojos conmigo y cuando me veía mirarla le subía una emoción a la garganta que la aturdía, estaba delante de mi, abrazada a otro hombre, dejando que la abrazara como nunca lo había hecho nadie desde que nos casamos, los susurros de Carlos en su oreja habían convertido el roce de sus labios en el anuncio de un beso que, ella lo sabía, se produciría tarde o temprano; Sintió el bulto en su vientre, sabía perfectamente lo que era y también sabía lo que debía hacer, lo que había hecho desde que siendo casi una niña notó por primera vez esa dureza intentando frotarse contra ella, era algo aprendido entre compañeras. Su reacción casi instintiva la llevaba a poner distancias, mis ojos la miraban en el instante en el que sintió la erección de Carlos presionando en su vientre y de nuevo una dualidad incongruente la dejó paralizada, debía separarse, al mismo tiempo sentía el placer en su cuerpo y veía el placer en mi ojos, otra vez lo prohibido-tolerado ¿Qué hacer ante ello? ¿luchar? ¿abandonarse? La duda retardaba su acción y cada segundo que se demoraba era una afirmación para Carlos y una nueva barrera que se desmoronaba para Carmen. Se sentía aturdida, ligeramente mareada. Sintió el contacto de sus pechos en el cuerpo de Carlos y pensó que debía haberse puesto sujetador.

      "No hice lo que me dio la gana, niña, si lo hubiera hecho?" ? la canción terminó en ese momento y Carmen aprovechó para separarse de él; Elena y yo estábamos muy cerca y se dirigió a nosotros.

      "Que maravilla, no hace nada de calor, menos mal!" ? era una excusa, el inicio de una conversación trivial que le permitía poner un poco de distancia con Carlos, yo entendí su intención y salí al quite.

      "¿Cambiamos de pareja? ? dije mirando a Carlos, no era una pregunta, directamente tomé a Carmen de la mano, acababa de comenzar otra balada y la tomé en mis brazos estrechándola para transmitirle todo lo que sentía.

      "¿Cómo lo llevas?" ? le dije al oído

      "¿Y tu? ¿ligando con Elena?"

      "Algo menos que tu, cielo, te tiene tan apretada que no se como consigues respirar"

      "¡Bobo!" ? protestó Carmen, me di cuenta de que en absoluto estaba incómoda con lo que sucedía y en algún modo me rompió mis esquemas, esperaba encontrarla mas nerviosa, preocupada por los avances de Carlos, sin embargo lo que me transmitía era? ¿libertad? ¿desinhibición? Se la veía segura de si misma, y eso me tranquilizó, la veía capaz de controlar la situación. Dejé que mis manos bajasen desde su espalda a su cintura, noté la suave curva en sus riñones que anuncia el inicio de sus nalgas y bajé, bajé hasta posar mis manos abiertas en su culo.

      "¿Qué haces?" ? protestó Carmen, le di un beso en la oreja.

      "Tomar lo que es mío" – ¿de donde había sacado semejante comentario? ¿Qué me impulsaba a pronunciar una frase tan profundamente machista?

      "¿Marcando tu territorio?" ? Carmen no solo no se había molestado sino que había entendido el sentido profundo que yo mismo no había logrado encontrar en un primer momento; Acaricié suavemente la parte superior de sus glúteos, recorriendo con mis dedos el relieve del triangulo que formaba su tanga

      "Algo así"

      "Estate quieto, nos está viendo Carlos" ? separé mi rostro de ella hasta tenerla de frente, estaba preciosa, la excitación transformaba su expresión hasta dotarla de una poderosa sensualidad capaz de hacerme perder la cabeza.

      "Lo se" ? la besé en la boca, al principio con suavidad, ella hizo un intento por separase y la apreté contra mi, su vientre pegado al mío, mis manos extendidas en sus nalgas atrayéndola y mi beso se volvió intenso, apasionado, incontrolado. Cuando al fin nos separamos, me miró con esa intensidad que me derrota.

      "Estás loco, ¿sabes lo que va a pasar, no?" ? no demostraba enfado, pero si estaba sería.

      "No, dímelo tu" ? volví a juntar mi mejilla con la suya, vi a Carlos con sus ojos clavados en mis manos y en la siguiente vuelta evité mirar a Elena.

      "Le estás dando alas para que haga lo mismo" ? entonces bromeé.

      "Pues mira, eso que sale ganando Elena"

      "No disimules, sabes a lo que me refiero" ? dejé mi mano izquierda sobre su nalga y subí la derecha hasta tocar su espalda desnuda, comencé una lenta caricia en círculos desde su homoplato, a su hombro, sus vértebras? y su axila.

      "Después de cómo has estado bailando con él, no creo que le sorprenda como bailas conmigo, tan solo un poco mas? desvergonzada, solo un poco mas"

      "? "Mario, por favor" ? no estaba seguro, aun no lo estaba, no sabía si Carmen quería que detuviera mis caricias, temía caer en el típico error masculino: no saber interpretar a tiempo un ?no?

      "¿Qué temes?"

      "Te está viendo, cuando me saque a bailar va a querer seguir tus pasos, ¿no te das cuenta?"

      "Perfectamente, ahora dime una cosa ¿no te apetece?" ? estaba decidido a respetar instantáneamente su deseo, sin vacilaciones, no quería forzar nada.

      "Me da miedo" ? abandoné su axila y su nalga, despacio, con naturalidad.

      "¿Qué temes?"

      "No lo se, Mario, ¿y si luego?" ? no acabó la frase

      "¿si luego quiere mas? Eso lo controlas sin problemas, cariño, creo que tu temor va por otro lado"

      "¿Si?"

      "En realidad, creo que ibas a decir ?¿y si luego quiero mas?? ¿era eso, verdad?" ? se estrechó contra mi.

      "No se? si, quizás? estoy asustada"

      "Y excitada" ? no contestó ? "dime, ¿lo estás?"

      "Sí, pero también estoy asustada" ? recalcó.

      "Hagamos una prueba" ? deslicé lentamente mi mano de nuevo hacia su nalga, noté como la tensión volvía a aparecer en su cuerpo ? "imagina por un momento que no soy yo, sino Carlos. Inténtalo, por favor" ? Carmen calló, la mano que mantenía en su espalda volvió a cobrar vida y reanudó las caricias por su piel, mis ojos se cruzaron con los de Elena y su mirada me desconcertó pero volví a centrarme en Carmen ? "Ahora dime, ¿sientes peligro, o sientes otra cosa?" ? no contestaba, dejé unos segundos antes de continuar mi ofensiva ? "¿qué diferencia existe entre mi mano en tu piel y su mano?"

      "La tuya la conozco"

      "Claro, y la suya es nueva, se mueve de modo diferente, pesa distinto, su temperatura es otra? ya te ha sucedido antes, ¿verdad? Cuando te besó, no es cierto?"

      "Si, es verdad, lo primero que noté fue la diferencia, pero no era?" ? la interrumpí

      "Ni mejor ni peor, lo se, pero? ¿te gusta la diferencia, verdad?" ? continuaba acariciando su espalda, tocaba sus vértebras como si de un piano se tratase, con suavidad, ejerciendo una presión suficiente para relajar su espalda y despertar sensaciones. En cada vuelta veía como Carlos o Elena nos observaban, cada uno pensando de una manera diferente sobre el próximo baile en el que volveríamos a cambiar de pareja.

      "Si, me gusta, si, pero?" ? la besé, con besos cortos, una vez, otra mas, estaba emocionado, excitado y la amaba, profundamente, mas que nunca.

      "Disfruta, solo hasta donde tu quieras, yo estaré a tu lado"

      Continuamos bailando en silencio, de pronto Carmen me preguntó

      "¿Desvergonzada? ¿Me has llamado desvergonzada?"

      "¿Si, acaso te molesta?" ? No hubo respuesta.

      Terminó la canción y nos separamos, Carmen me miraba a los ojos ?¿estas seguro?? parecía decirme; comenzó otra balada inmediatamente y sin decir nada tomé de la mano a Elena mientras veía como Carlos y Carmen se abrazaban y comenzaban a bailar.

      "No se si bailar contigo o huir, después de la exhibición que nos habéis hecho" ? Elena bromeaba, pero su tono de voz había cambiado, era mas sugerente o al menos a mi me lo parecía, mis manos sujetaban su cintura que oscilaba al compás de la música, hasta ese momento no había reparado en lo que me atraía esa mujer, tan absorto había estado en Carmen que la había ignorado hasta aquel momento en el que vi su mirada mientras bailaba con Carlos. Sus manos rodeaban mi cuello.

      "¿Te doy miedo?" ? Elena sonrió

      "Pocas cosas me dan miedo y ésta no es una de ellas"

      "Entonces, bailemos" ? dije al tiempo que la atraía hacia mi, su cuerpo obediente cedió a mi presión y se pegó a mi cuerpo, su mejilla rozaba la mía, su cabello cosquilleaba en mi nariz, olía bien, su perfume era ligero; Miré a Carmen, sus ojos me taladraban, sin dejar de mirarla tomé el lóbulo de la oreja de Elena entre mis dientes y lo mordí con delicadeza, ¿cómo me atreví a hacer aquello? Aun hoy no lo se.

      "¡Ay! ¿me vas a comer?" ? me dejaba la puerta abierta para tomar su frase como yo quisiese.

      "Todo se andará" ? sentí como se pegaba a mi, mas aun, y noté en su cuerpo la risa antes de escucharla; Desde que me separé de mi anterior esposa no había vuelto a estar con otra mujer salvo Carmen, y aquello me resultaba nuevo, no lo había buscado, ni siquiera lo había pensado en todos estos años, ahora se me presentaba la ocasión y sin embargo mi excitación estaba mas allá de nuestros cuerpos, estaba en la mirada que Carmen me había dedicado al ver como le mordía el lóbulo de la oreja a Elena. En la siguiente vuelta Carlos tenía su boca en el cuello de Carmen y ésta no me vio porque sus ojos estaban cerrados.

      "Eres mala conmigo" ? dijo Carlos nada mas tomar a Carmen en sus brazos.

      "¿Mala yo, por qué?"

      "Porque tratas mejor a Mario que a mi" ? Carmen sonrió.

      "Son muchos años ya, nos conocemos bien, somos casi como de la familia" ? Carmen bromeaba intentando quitarle tensión al momento, sentía las manos de Carlos avanzar mas audazmente que en el baile anterior, impulsado probablemente por mis avances; Sintió como bajaba mas allá de sus riñones y comenzaba a acariciar la parte superior de sus glúteos, entonces recordó la sensación de mis manos en esa misma acción y mi frase ?¿Qué las hace diferentes??. Muchas cosas, pensó, la forma, la presión, la manera de moverse? sus cavilaciones habían demorado una reacción inmediata para la que ya no había lugar, ella se dejaba, de repente se dio cuenta de esto, se estaba dejando y notó que el miedo que antes la atenazaba se había disipado, cada vez que se cruzaba con mis ojos y veía que yo la observaba dejándose tocar una oleada de placer la arrollaba. Estaba como sumergida en una nube, Carlos seguía hablándole, cerca de su sien, rozando con sus labios su oído, volviéndola loca.

      Cuando me vio morder la oreja de Elena, sintió una punzada en su interior, ¿celos? Si, algo parecido, miedo también, furia hacia Elena y placer al mismo tiempo, entonces comenzó a entenderme, comprendió lo que yo sentía al verla con Carlos; fue en ese momento cuando éste inclinó su cabeza y arrastró lentamente sus labios por su cuello transformando el roce en un beso suave, pequeño, repetido; Para Carmen esa es una caricia irresistible que le provoca tal excitación que la transporta a otro nivel, lo sabía, sabía que debía hacer algo, pero de nuevo me vio a través de sus parpados casi cerrados, vio como la miraba, vio el deseo en mis ojos y cedió.

      Y se abandonó.

      8 de febrero de 2008

      El silencio

      Varios de mis lectores me escriben interesándose por la continuación de mi diario, alguno incluso da por supuesto que he abandonado el proyecto y se siente ofendido por mi silencio.

      Ante todo, gracias a los que esperan cada nueva entrega de mi diario, gracias por sus comentarios que, en muchos casos, me alientan a continuar robando tiempo de sueño y de otras actividades para depurar lo que ya llevo escrito.

      Y gracias a los que detestan este relato por lento, por poco explícito o por no poner inmediatamente a Carmen en la cama de Carlos. Sus comentarios me guían y me confirman que no me he desviado de mi camino.

      Publico este breve aviso, – si es que los administradores de todorelatos consideran que debe ser publicado -, para informar a mis lectores:

      1º No he abandonado el proyecto, mi silencio se debe a motivos profesionales y personales que me han impedido continuar la publicación de mi diario.

      2º Abunda una pregunta entre mis lectores ¿Es real o es ficción? Aunque creo haber dejado claro este punto en el prologo que hice, y aunque soy consciente de que ni tengo por qué convencer a nadie ni me afecta en nada que alguien lo considere una fantasía mas o menos interesante, debo decir para los que realmente quieran saberlo que estoy trascribiendo los pasos que Carmen y yo fuimos dando hasta llegar al presente, con mas o menos aciertos, con buenos y malos momentos, con dudas, vacilaciones, risas, lagrimas… y mucho amor entre nosotros. Indudablemente el tiempo transcurrido adorna los hechos pero no los altera. Las cosas fueron tal y como las describo aunque, eso si, he añadido cosas que entonces no sabía y que luego supe bien por boca de Carmen o por boca de quienes estaban con ella en esos momentos. También he añadido mis reflexiones a posteriori: Ahora se las consecuencias que detalles aparentemente nimios tuvieron en el curso de los acontecimientos.

      3º Por esto, nadie espere una rápida resolución de esta historia, la realidad no funciona así por mucho que a veces se asemeje a la ficción. Este episodio en Sevilla tan solo fue la primera de una serie de aproximaciones a una meta que tardó aun bastante tiempo en consumarse, pero fue un camino tan intenso, tan lleno de matices que solo el hecho de recordarlo al detalle para transcribirlo me descubre aspectos que hasta hoy me habían pasado desapercibidos.

      4º Desnudo ante todos mis lectores a mi esposa; Quien tan solo busque eso estoy seguro que ya habrá abandonado. Desnudo ante todos el alma de mi esposa y mi propia alma, describo la transformación, – lenta y progresiva, pero constante – , de una mujer "decente" y de un hombre "sensato"; Sería muy sencillo resumir y llevarles a todos ante escenas sórdidas y pornográficas pero esto no explicaría cómo pudimos llegar ahí sin ser previamente unas personas inmorales, sórdidas e indecentes. Esto no explicaría cómo "el día después" volvemos a ser los de siempre, como después de una intenso fin de semana compartimos el desayuno del lunes haciendo planes sobre la obra que planeamos hacer en el ático, sobre el nuevo auto que quiere Carmen o sobre cualquier otro asunto cotidiano. Somos los mismos, nuestra "otra piel" no nos cambia cuando volvemos a ser Carmen y Mario.

      4º El motivo de este diario es puramente egoísta, necesitaba expresar lo que siento, lo que he vivido y lo que vivo, necesitaba compartirlo y saber si alguien, en alguna parte, se siente identificado con mi forma de pensar y me hace ver que no estoy solo, que no soy un ejemplar único. Busco, pues, otras luces en la oscuridad, otras voces en el camino que recorro. No poder compartir con nadie momentos de reflexión es duro. Como veis es bastante gregario mi interés, pero es humano: necesito saber que no me he equivocado porque, a veces, la duda salta y se instala en mi mente: ¿Y si no le hubiera propuesto aquel juego a Carmen en el viaje a Sevilla? ¿Cómo sería ahora nuestra vida? ¿Soy responsable del cambio de mentalidad de mi esposa o era algo que estaba latente?

      Volveré, en breve, gracias por leerme, gracias por entenderme, tened paciencia.

      Mario

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        Jamás en mi vida me volvieron a cojer tan furiosamente, ni me hicieron sentir esa locura de deseo que me hacía gritar: -dame pija, dame más.- como una poseída. Este relato que quiero dejar expresado, es real, aunque no completamente en sus detalles quizás, culpa de las subjetividades. Todo se pierde en apreciaciones subjetivas personales. Esa relación clandestina, muy clandestina, que tuve me descompaginó la vida, la mente y mi interior de mujer. Los nombres han sido cambiados para preservar identidades de gente que se vería afectada por conocerse la verdad. Trataré de no modificar las situaciones en bien de contar lo que sucedió pero sin arriesgarme a que ciertas personas lo sepan. Usaré aquí el nombre de Lucrecia, reemplazando al verdadero, igual haré con el resto de los personajes.
        Fue la única vez que le fui infiel a alguien, pero lo hice repetidas veces, con el mejor amigo. Hoy día, estoy casada, tengo un hijo y me recibí de médica. Pero en mis épocas de estudiante tenía otro novio que no es mi actual marido, cuando contaba con 25 primaveras más o menos. Fue un relación larga, inútilmente larga, que fue un constante estancamiento en el que me vi inmersa. Estuve más de cinco años con, llamémosle, Gabriel. Alto, musculoso, fachero, moreno y prolijo cabello corto. Físicamente, un novio para mostrar por la calle. Él trabajaba en un autoemprendimiento, en el cual no tenía mucha suerte. Comenzamos a salir y él estaba un poco en la lona. La empresa que luego formó con un socio hizo agua antes de salir de puerto casi, el socio lo dejó con todas las deudas y en la cara salió como rata por tirante. Que no tuviera plata no me importaba, pero mi actitud lejos de alentarlo, me doy cuenta que lo apañaba. Me fui acostumbrando a soportar las mismas salidas al cine, o ver una peli en la casa, dormir, luego levantarme el domingo y salir para mi casa en zona norte; todos los fines de semana la misma rutina. Gabriel, obviamente por sus repetidos intentos fallidos de éxito, no vivió solo. Los padres estaban separados, pero seguían viviendo en la misma casa, aunque eran bastante grandes. La madre era como esas viejas de antes, tanto que a veces no quería que durmiéramos juntos a la noche. Como el padre dormía en el living, ya dije que estaban separados, Gabriel dormía con la madre y yo en su cama. Hoy no puedo creer como me acostumbré a tantos delirios, solo puedo pensar que fue? de a poco. Un día cedes en una cosa chiquita, otro día aceptás como natural algo medio raro pero no mucho. Para cuando miré atrás, estaba encerrada en una relación con un edípico ser, reprimido y rutinario, pero lo peor era que lo quería en parte.
        El comienzo de ese ?mirar atrás y ver como son las cosas? fue al ir conociendo profundamente a Rodrigo. Era el único que se había quedado cuando la agencia hizo agua y hasta el socio se tomó el olivo. Se había apegado mucho a Gabriel, tanto que hasta yo le presenté a una compañera de facultad, Laura. Esa relación duró cuatro meses, y resintió mi amistad con ella. Laura no sabía mantenerse callada. Rodrigo era un poco menor que todos nosotros, unos cuatro años. Era todo un caballero inglés, delgado, no muy lindo, un poco más bajo que Gabriel aunque alto aun. Cabello castaño oscuro, ondulado y rebelde. Era más desenfadado, a veces chiquilín pero que sabía muy bien manejarse en la calle. Según Gabriel, habían andado por lugares raros y peligrosos, decía siempre algo parecido en el mismo tono ominoso. Hacía años que Laura no tenía novio, cuando comenzaron a tener relaciones con Rodrigo, siempre estaba completamente ansiosa por contármelo. Al principio me sentí feliz por mi amiga, pero luego me empecé a dar cuenta que sentía cierta envidia. Cada fin de semana, Rodrigo la cojía, dos o tres veces, así durante los cuatro meses, no al principio pero si desde que empezaron a hacerlo. Y yo veía que mi pareja estaba más preocupado por que la madre no supiera que teníamos sexo, y por mantener cierta apariencia lo hacíamos en silencio o se iba a dormir al otro cuarto y no lo hacíamos. Rodrigo teniendo 21 y aun viviendo con los padres, lo dejaban dormir con la novia. Y aunque no hacía escándalo, tenían sexo cada sábado y domingo. Ella me relataba como Rodrigo siempre estaba dispuesto y ella que no sabía decirle que no, algo que me resultaba sumamente raro. Parecía disfrutar con los detalles zarpados, aunque dichos creo con total inocencia. Llegaba a contarme como por ejemplo, una vez, la penetró en cuatro patas y le dio durante media hora seguida. Algo que consideré exagerado pero que luego me enteré era normal en Rodrigo.
        -Sentía que iba a caminar raro de lo fuerte que me dio.-contaba ella confidente, ignorando que en mi despertaba envidia y ratoneo.
        Amparado en el argumento que estaba cansado de mucho trabajar, con Gabriel teníamos sexo cada quince días, de hecho, es otra de las cosas que fui permitiendo y tolerando, de las que luego me arrepentí. Me di cuenta que no me hacía gracia al ver el caso de Laura y Rodrigo. Eso generalmente es lo común, las mujeres somos las que habitualmente sienten menos prisa por tener relaciones que los hombres. Lo de Gabriel me parecía cada vez menos normal, mientras miraba con cada vez más envidia a mi amiga. Cuando se lo planteé a Gabriel, como charla de pareja, para ver de mejorar ese aspecto de nuestra vida; solo argumentó que lo que decía Laura era mentira, que Rodrigo no le había contado nada a él. Argumentaba que con Rodrigo tenían confianza y que se contaban todo. Gabriel le preguntó a su amigo, pero este le respondió que si, que lo que decía Laura era cierto.
        -No me dijiste nunca nada.-le planteó Gabriel, aunque si le había dicho de la primera vez con Laura, después nunca más.
        Rodrigo respondió que no le gustaba hacer alarde o ventilar su intimidad; como dije, todo un caballero. Yo esperaba que Gabriel no le contara a su vez a Rodrigo, aunque dudo que tuviera mucho que contar. No sé si porque Laura era una influencia esclarecedora para mí o Rodrigo se distraía del trabajo, pero a Gabriel le empezó a molestar ese noviazgo. Cuando Rodrigo se separó de Laura no indagué mucho, pero unos meses después me enteré que Gabriel había metido púa para que se pelearan. Cuando quería, podía ser muy manipulador, esa fue otra ficha que me cayó. Tuvimos relaciones más seguido, aunque siempre a escondidas o en silencio. Supongo que la asiduidad, se debió a influencia de Rodrigo y sus consejos de tipo de calle.
        Meses después de pelearse Laura y Rodrigo, mi estudio no iba todo lo bien que hubiera deseado, Gabriel no mejoraba en el trabajo autogestionado y yo comencé a tener pensamientos impuros, como dirían las viejas. Una mañana desperté de un sueño muy hot, en el que estaba en un cuatro todo oscuro y sucio, un par de abrazos me agarraban y contenían, eran los de Rodrigo. El deseo me embriagaba cuando sus dedos me tocaban, lo quería, lo necesitaba. Estaba loca de ardor por él. Por lo menos, eso era lo que sentía en el sueño. Sentía sus jadeos y su voz cerca de mí. Al tenerlo subido encima mío, el sueño terminó. Cuando desperté me sentí confusa y shockeada. Obviamente, no era que me gustaba Rodrigo. Pero él era todo lo libremente sexualmente que Gabriel no quería ser o no era de por sí. Sentía un poco de desconcierto, pero los sueños son así, sin restricciones morales. Igualmente, las veces siguientes comencé a pensar seriamente en el sueño. Varias semanas después, ese sueño fue el empujón que me faltaba para tirarme a la pileta. Estando en el momento no pensé, fue algo que me parece que negué que yo estuviera haciendo, hasta que ya había ocurrido. Una forma inconciente de desligarme de culpas, aunque eso me persiguió luego. Es el día de hoy que no sé como me animé a hacer algo así. Posteriormente a ese sueño, me hice los ratones un poco, basándome en lo que Laura contaba, con sumo detalle. Durante algunos días, dejaba a mi mente volar en fantasías, que nunca pensé que podía llevar a término. En todas, Rodrigo era un salvaje que me tomaba como si fuera una especie de animal desatado sexualmente y yo una pobre y pasiva damisela. Ese jueguito mental pronto me aburrió, dándome cuenta que siempre estaba esperando que las cosas me pasaran y no poniendo algo de mi.
        Rodrigo había sentido también la manipulación de Gabriel y las cosas entre ellos estaban tensas, se había quedado resentido desde la separación con Laura. Esto se había agravado al tener discrepancias entre la repartición de la plata que ganaban, ya que Gabriel siempre quería más dinero por poner la casa como oficina y tener allí las computadoras. Rodrigo estaba de acuerdo en eso, pero le parecía que el porcentaje era ya más elevado de lo que debería ser por los gastos de luz y demás. Una tarde entre semana, llegué a la casa de Gabriel. Rodrigo estaba solo, Gabriel se había ido con la madre a visitar a una tía. Miré bien a Rodrigo, disimuladamente, no era fachero como Gabriel. Nunca le hubiera prestado mayor atención, si no fuera por la cercanía y amistad que teníamos. Ambos manteníamos entre nosotros mucha confianza, siendo la novia y mejor amigo de la misma persona. Paradójicamente, habíamos intimado más mientras le hacía de ?Celestina? con Laura. Ese día, no podía olvidar ni por un segundo, el relato de mi amiga sobre ?el salvaje perrito? que le hizo, ni mi sueño erótico. Mientras yo me sentaba en la cama del cuarto de Gabriel a estudiar un poco, cuarto donde también tenían los equipos, Rodrigo seguía con su trabajo en la máquina. En un momento giró la cabeza en el eje del cuello y se quejó de dolor.
        -¿Contractura?-le pregunté.
        -Si, demasiado en la PC.-me respondió apenas con una sonrisa de cansancio.
        -Estás demasiado en la compu. ¿Querés que te haga un masaje?-
        Primero agradeció pero lo rechazó, cuando insistí, finalmente cedió. Teníamos confianza y no veía una segunda intención mía. No se si en ese momento, tenía yo una intención oculta. Creo que inconcientemente estaba ardiendo, pero por fuera era la nena modosita que todos querían ver, incluso Gabriel. Hablamos de esto y de aquello, mientras le masajeaba el cuello. No pude evitar mojarme un poco, pero no era algo tan raro, como siempre que me pasaba era disimulable. Cada tanto él soltaba un quejido, que tanto parecía un gemido de pasión que me empezó a conmocionar. Sentía un ardor que no sabía si estaba ahí antes. No pude creer luego que fui yo la que dijo: -Sacate la remera para masajearte en la parte de los omoplatos.-
        La excusa del masaje estaba fuera de mi control. Me detuve un segundo y pensé en que estaba queriendo encamarme con el mejor amigo de mi novio, en parte amigo mío también, de forma muy alevosa. Pero la imagen de Laura en cuatro patas y Rodrigo dándole con furia, mientras ella se deshacía de placer; pudo más que toda restricción moral. Laura me había contado ciertos detalles, ni a Gabriel me animé a transmitirle, por pudor. Cuando bajé mi mano por su espalda, me incliné para adelante y vi en su entrepierna, el miembro viril reposando en pleno proceso de excitación, latiendo supuse, aunque a un fugaz vistazo no podía asegurarlo. Se le estaba poniendo dura y yo no podía apartar de mi mente la calentura que tenía. Cuando lo único que tenía atiborrado como pensamiento, era estar en cuatro patas y que él me diera hasta que no pudiera más; mi mano se apoyó sobre su bulto. Me miró rojo de vergüenza y algo asustado. Estaba jugada y me tiré de lleno. Apreté levemente el pantalón, acariciando su pija y para no echarme atrás yo o que él me rechazara, lo besé buscando sus labios desde atrás. El giró un poco para besarme mejor y yo me senté en sus rodillas. Sus manos estaban sobre mi, en la cintura, acariciando una pierna. Esta vez no era un sueño. En ese momento olvidé todo: me olvidé de Gabriel, que lo estaba cagando en su propio cuarto, con su amigo, nada me interesaba. Solo que sentía la lengua de Rodrigo tocando la mía, y que la deseaba recorriendo mi piel. Me levantó un poco la remera y tocó la base de la espalda junto con la cintura, me estremecí. Estaba temblando de deseo, con ansiedad me saqué la prenda por la cabeza. Él ya estaba besando mis tetas por arriba descendiendo desde el cuello, bajando fue corriendo delicadamente el corpiño. Los pezones salieron para recibirlo, erectos como su pene. Recordé que hacía como tres semanas que no había tenido sexo, él por lo menos unos cuantos meses. Se detuvo a pasar la lengua por el valle entre los pechos, no tengo poco busto precisamente. Era pleno invierno, pero en ese cuarto hacía un calor del infierno. La urgencia por que alguien llegara nos corría. Y yo no quería irme sin sacarme la calentura.
        -¿Tenés preservativos?-le pregunté a punto de manotear alguno que guardara Gabriel por el cuarto. Pero después debería reponerlo o todo saldría a la luz.
        Rodrigo afirmó con la cabeza y siguió besando el otro pezón, por ser equitativo decía siempre. Fuimos a la cama, que estaba justo al otro lado del cuarto donde se encontraba la computadora. Lo senté, ya que él era más alto y me quedaba mejor la posición de estar yo sentada encima. Con las piernas semiabiertas, sobre el borde de la cama, bajó su pantalón hasta las rodillas, se puso la protección y me indicó que me acercara. Yo estaba absorta en su pedazo, comparando tamaños. Me sentí una turra, pensando en que si la tenía más grande que Gabriel, pero mucho más no pude ver o meditar al respecto. Corrió mi bombacha, pero yo le dije que mejor la sacara, para penetrarme. Apenas me levanté la pollera hasta la cintura. La bombacha voló, ni recuerdo como o donde. Me senté sobre Rodrigo y confirmé en carne propia que si la tenía más larga, aunque no más ancha. Lo que si, me llenaba de una manera que era un sueño. Sentía cada centímetro meterse en mi interior, abriéndome y mi gemido se extendió escalonadamente hasta que él hizo tope con su pubis contra el mío. Nos quedamos apenas un segundo quietos. Comencé a removérmela dentro, disfrutando de cada contracción que hacía mi concha a su pija encerrada. Me tomó por la cintura y me movió de arriba hacia abajo. Lo cabalgué rítmicamente primero y luego con fuerza, ya descontrolada. El primer orgasmo me vino a las primeras bombeadas, su glande me tocaba al fondo y yo sentía que el cuerpo me quemaba. El seguía besando alternativamente mis tetas, o mis labios, cuando no lo detenía yo para soltar un gemido. La alegría que sentí en ese momento fue indescriptible. Finalmente, podía gemir como deseaba, y no tener que morder la almohada o mis labios. Por fin, podía cojer salvajemente sin temor a que alguien lo notara. Si en ese momento, el vecino de abajo se hubiera quejado del ruido, no le hubiéramos prestado atención. Rodrigo gemía más pausadamente y en forma de resoplidos. Yo no podía parar de dar grititos, aunque en parte los contenía. Quizá por temor a ser escuchada por todo el edificio o por la costumbre de hacerlo ?mudamente? en ese lugar. El cuerpo me sudaba todo, mi pubis estaba siendo cacheteado por propia voluntad y a conciencia. Sus manos bajaron a mi cola y me marcaron las nalgas. Sentí el tirón del corpiño que me incomodaba, aunque estaba bajado, seguía puesto. Tironeé a la espalda con la mano hacia atrás para quitar la presilla y Rodrigo entendió, me lo sacó con una sola mano después de un par de intentos, mientras la otra me seguía masajeando la cola. Yo seguía concentrada en subir y bajar por su verga, todo lo que estaba en mi cabeza era el placer que me estaba dando. No sé cuantas veces acabé, ni las conté. Pero él seguía chupando mis pechos y acariciando mis pechos, la cola y la cintura. Era la fantasía del caballero, a las mujeres nos encantan los tipos educados y cordiales, pero nos gusta que bajo esa superficie haya un macho animal que nos haga gozar hasta decir basta. Estaba gozando como una loca, temblando con cada nuevo orgasmo que me electrizaba más que el anterior, o sumándose uno tras otro; cuando le dije que estaba cansada. Había perdido la noción del tiempo, pero ya estábamos hacía rato cojiendo, eso seguro. Me giró sobre la cama, aun dentro mío, para acostarse sobre mi. Me bombeó un par de veces y acabó, por lo que me di cuenta, estaba aguantándose para que yo gozara. Su orgasmo fue bestial, gruñió como una fiera, tanto que temí que le estuviera dando algo. Pero al notar su respiración agitada en mi cuello y su susurro jadeante en mis oídos, me tranquilizó.
        -No podía más.-dijo como disculpándose.
        -No te preocupes, disfrute más que suficiente.-le respondí.
        Mi respiración y pulso parecía la de una arrítmica. Estaba muy acalorada y cansada. Pero me sentía relajada como nunca en mi vida, después de semejante ?cepillada?, estaba como una seda. Debía reconocer que había sido una experiencia impresionante. Había descargado todas las tensiones acumuladas en ese polvo tan furioso como placentero. El lado malo fue los inconvenientes que trajo ese polvo tan espectacular. Miré el techo, mientras Rodrigo se levantaba y sentaba a mi lado.
        -Oh, oh.-dijo con claro tono de preocupación.
        Cuando miré donde indicaba, vi la colcha de la cama toda mojada donde él estaba sentado cuando empezamos a cojer. Me había mojado tanto que había caído el flujo a través de él hasta abajo de todo. Limpiamos como pudimos, pero la mancha se veía. Los nervios comenzaron a invadirme. Rodrigo fue a la cocina y trajo un vaso de jugo. Echó un poco sobre la colcha y el piso, limpió y le tiró más jugo a la colcha usando la mano.
        -Se te cayó el vaso y casi se rompe.-me dijo como indicando que mentira debía exponer.
        La primera mentira, era en realidad que le había metido los cuernos a Gabriel. Abrimos la ventana del cuarto, el olor a sexo debía ser indisimulable si alguien llegaba. Tiramos desodorante en aerosol. Nos compusimos y aseamos un poco. Si Gabriel llegaba y me veía toda sudada, hubiera sido complicado de explicar.
        Cuando al rato finalmente llegó, todo estaba en orden y no se notaba que habíamos hecho. Gabriel bromeó sobre mi torpeza con el vaso. Rodrigo salió a apoyarme.
        -Yo le pasé el vaso y se me resbaló, ella lo atajó pero se volcó casi todo. Fue un enchastre.-
        -Ay, bella.-como siempre me decía él.-Manos de manteca.-
        El olor no se sintió, pero el frío si fue algo de lo que Gabriel se percató. Pero, era tener un poco fría la habitación o impregnada de aroma a sexo. Con Rodrigo nos miramos apenas ligeramente y luego se fue a su casa. Pero en sus ojos pude notar lo que a mi también me pasaba. Luego del goce, el place y el orgasmo; quedaban la culpa, el temor y la duda.
        Esa noche lo llamé a Rodrigo a la casa. Ambos sentíamos lo mismo. Lo que habíamos hecho era una cagada, no debíamos repetirlo. Con esta experiencia aprendí, que esas promesas de ?nunca más?, raramente se cumplen. La culpa pudo alejarnos un poco, pero luego el tiempo acumuló deseo nuevamente. El temor a ser descubiertos nos podía frenar a tomar riesgos. Pero ni yo sentía placer como estaba y él no tenía pareja. La duda era lo que quedaba, duda de si no lo haríamos de nuevo, cuando la calentura fuera suficiente y mi hastío creciera como anteriormente había hecho. Un mes y medio después, romperíamos esa promesa de ?nunca más?.

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